Cine y realidad
Irael Paredes Badía
2010/03/05


Lars y una chica de verdad

Lars (Ryan Gosling) mira por una ventana hacia la casa donde vive su hermano Gus (Paul Schneider) y su esposa Karin (Emily Mortimer). Ella se acerca corriendo sobre la nieve hacia la puerta de Lars, quien momentos antes se ha intentando esconder tras las cortinas para no ser visto. La mirada y movimientos de Gosling ya dan una idea bastante precisa de quien es Lars, de cuál es su posición ante la vida y quienes le rodean. También de cuales son las intenciones de una película como Lars y una chica de verdad (Lars and the Real Girl, 2007), segunda película de Craig Gillespie, director capaz de hacer en un mismo año una película como Mr Woodcock (ídem, 2007), sin demasiado interés, y otra como Lars y una chica de verdad, opuesta en casi todo. Con ayuda de un guión bastante preciso por parte de Nancy Oliver, Gillespie construye una película sobre un hombre, una muñeca de plástico y una pequeña comunidad. Una propuesta así, sobre papel, corría muchos riesgos. Podría caer en una comedia de chiste fácil, o bien, en un drama desaforado, sin embargo, ha preferido internarse por un camino intermedio donde las situaciones, a priori, rozan lo surrealista pero creando una normalidad ante las mismas que resultan, según se va viendo la película, chocante, porque logran una obra muy cuidada y, sobre todo, una visión ante la realidad muy peculiar.



Lars y la soledad

Lars es un joven introvertido, tímido, solitario. Rehúye el contacto humano aunque lleve una vida en apariencia normal. La gente parece aceptarle tal y como es a pesar de comprender que su aislamiento no es del todo sano. Un día decide comprar por Internet una muñeca diseñada para propósitos sexuales, aunque no sea el objetivo que Lars busca en ella. De hecho, al poco de "presentarla" a Gus y Karin, Lars les pide que Bianca, así se llama la muñeca, duerma en una habitación sola, porque ambos son creyentes y no están casados. Algo así, tan inocente a ojos de muchos, humaniza enormemente no sólo a Lars, sino también a Bianca. Y he ahí uno de los grandes logros de Lars y una chica de verdad, tanto lograr que una muñeca sea aceptada en una comunidad en apariencia pequeña y cerrada dentro de la ficción como el conseguir que el espectador pueda acabar asumiendo que Lars encuentre en ella aquello que en apariencia quienes le rodean no le han dado, no han sabido darle, o bien, él no ha sabido buscar o aceptar. Lo que podría acabar sacando una risa despectiva y burlona consigue arrancar una mirada de aprecio y respeto, también de comprensión ante lo que Lars busca, que no es otra cosa que aquello que todos de una manera u otra, quizá sin saberlo, buscamos. Por supuesto, él posee una idiosincrasia muy precisa que la doctora Dagmar (Patricia Clarkson) intenta ir averiguando a través de diversas conversaciones que mantiene con Lars, sacando a relucir ciertos traumas que hacen que el joven recele de quienes le rodean y rechace el contacto físico. Sin embargo, en muchos aspectos, Lars no difiere de una cierta sensación extendida en la que los seres humanos, cada vez más, parecen rehuir a los demás, buscar la comunicación más por medios virtuales que reales. De hecho, Lars encuentra en Bianca a esa persona que, más adelante descubrirá, es posible que ya tenga en una compañera de trabajo, Margo (Kelli Garner), quien siempre anda detrás de él sin conseguir respuesta en momento alguno. Sólo cuando ella parece alejarse y prestarle menos atención él comienza a salir de su ostracismo y a sentir curiosidad por ella. Es decir, Lars y una chica de verdad no quiere si no alertarnos de que es posible que aquello que buscamos, en muchas ocasiones, está ante nuestras narices sin que seamos capaces de verlo. Lars necesita el crearse un universo emocional en forma de muñeca que le otorgue aquello que él mismo se ha negado durante muchos años, esto es, una relación normal que acaba atravesando todas las etapas posibles que él mismo va creando. A este respecto, la película de Gillespie me parece bastante más compleja de lo que en apariencia puede sugerir, claro que para ello es necesario internarse tanto en los personajes como en uno mismo, hacerse preguntas, como por ejemplo, ¿quién es en realidad Lars?, ¿quiénes somos en realidad?

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